Mozart – Sinfonía nº 25 en sol menor

Publicado por jorge.andreu el 25 de octubre de 2008 · 3 comentarios

Esta semana voy a hablaros de una de las piezas de música clásica –hoy sí utilizado el concepto de forma correcta– más impresionantes que he escuchado en mi vida, una de las mejores del genio del que hablo, una de las sinfonías que me han hecho tener los bellos de punta desde el primer compás hasta el último, teniendo nada menos que unos doce años, lo cual no solía suceder con la música clásica en aquellos tiempos. Hablo de la Sinfonía nº 25 en sol menor, KV 183.

La verdad es que no entiendo cómo pudo Wolfgang Amadeus Mozart escribir tal reliquia musical en tan poco tiempo. Hablo sólo de una lectura que he hecho en wikipedia para saber más acerca de esta sinfonía, y me he encontrado con una grata sorpresa: al parecer, el mismo compositor, después de haber triunfado su ópera Lucio Silla, volvió a Salzburgo y compuso la sinfonía 24 en si bemol –terminada el 3 de octubre de 1773–, y dos días después, el 5 de octubre, firmaba la sinfonía 25. Este dato se ha puesto en duda, pero no es de extrañar que el compositor hubiera dicho la verdad, tal era la capacidad que tenía este hombre para la música.

En cuanto a la forma de la sinfonía, está formada por cuatro movimientos, como estaba establecido en aquella época para las sinfonías clásicas, pero tiene cierta peculiaridad, como toda la obra de Mozart: utiliza una tonalidad menor, que no se solía utilizar, y da una energía con una enorme carga de matices a la música. Además, maneja los instrumentos de una manera distinta a la que era usual en aquella época. Recordemos que Mozart era el gran genio de la música clásica, así que el ingenio tenía que manifestarse de una u otra manera.

El fragmento que vamos a ver hoy es el primer movimiento completo de la sinfonía, un Allegro con brio –lo que significa que es un movimiento rápido y con fuerza–. Fíjense en la forma de variar los matices, de contrastar la suavidad con la dureza de la música, de proponer frases distintas a lo largo de todo el pasaje. Además, el sonido del vídeo es de alta calidad, lo cual nos ayudará a sentir mejor el espíritu de la pieza. A mí me resulta verdaderamente placentero ver cómo se van sucediendo los motivos musicales, cómo se varía en el ritmo, en la melodía, causando nuevas emociones. Ese tipo de movimientos no se dan en la música actual, no sé si estarán de acuerdo conmigo, pero es un hecho.

En definitiva, sólo decir que esta obra sí que vale realmente la pena, como toda la obra del compositor. Éste sí que no es un desperdicio. Podría extenderme líneas y líneas, páginas y páginas si esto fuese un libro, pero creo que con lo que he dicho ya he dejado bastante clara la calidad que, a mi parecer, tiene esta sinfonía. Más adelante, después de volver a dar un rodeo hablando de otros compositores, volveremos con Mozart y veremos otras obras sinfónicas, que merecen la pena.

Espero que les guste la recomendación musical de esta semana, y espero que la disfruten.

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